Eran la 1:30 de la noche, después de hablar contigo, me fui a acostar. En el momento que pues la cabeza en la almohada recordé nuestra discusión, la mente me empezó a dar vuelas, mis ojos me decían que no continuara con esta proeza y mi corazón lo contario, te vi a ahí, en ese lugar desconocido eras, una cosmopolita, pero era diferente a los demás, parecía que un microcosmos era lo que había ahí, nada mas y nada menos, tu y yo, sin los demás. Mi mente recorrió desde el paleolítico tratando de encontrar en momento en que te empecé a querer, y como los aerolitos escribían tu nombre en mi corazón y sin la necesidad de un teodolito era instantáneo el verlo. Pero parecía un monologo, te hablaba, te escribía, te rogaba y al contrario parecía cómico ante el cosmos y termino siendo el cómico de la situación.
Continúe, decidí arriesgarlo todo, de una manera licantropica me acerque a ti, y se llevo acaba lo xilofonia que cualquier oído quisiera escuchar, ese beso fue lo que nos dio el tiempo y el espacio, no había nada mas ni nada menos, era una xenofobia a esos labios extraños como al mismo tiempo euxeno.
En ese momento ocurrió una necromancia, se torno todo oscuro, empezó a ocurrir el momento critico. El mundo empezó a retroceder y a ordenar las cosas y la vista regreso a mis ojos. Me sentía un necrodula adorando ese recuerdo muerto sin razón alguna. Y después de la última mirada a ese increíble beso. Mis ojos se abrieron. Regrese a la realidad. Desperté.
Material enviado por Sebastián Gómez y publicado, sin modificaciones y con su autorización
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